Dom. Nov 28th, 2021
    La razon produce monstruos

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    Los Caprichos es una serie de 80 grabados publicados en 1799 en los que Goya critica los abusos políticos, sociales y religiosos de la época. En esta serie de grabados, Goya utilizó en gran medida la popular técnica de la caricatura, que enriqueció con innovaciones artísticas. El uso por parte de Goya de la recién desarrollada técnica del aguatinta (es decir, un método para grabar una plancha de impresión de manera que se puedan reproducir tonos similares a las aguadas de la acuarela[4]) dio a Los Caprichos efectos tonales pronunciados y un contraste animado que los convirtió en un logro importante en la historia del grabado.

    De las 80 aguatintas, la número 43, «El sueño de la razón produce monstruos», puede considerarse como el manifiesto personal de Goya; muchos observadores creen que Goya pretendía representarse a sí mismo dormido entre sus útiles de dibujo, con la razón embotada por el sueño, acosado por criaturas que merodean en la oscuridad. Las criaturas que aparecen en esta obra se asocian a menudo en la tradición popular española con el misterio y el mal; los búhos que rodean a Goya pueden ser símbolos de la locura, y los murciélagos que pululan pueden simbolizar la ignorancia. El título de la estampa, tal y como se indica en el anverso del escritorio, suele leerse como una proclamación de la adhesión de Goya a los valores de la Ilustración: sin la razón, el mal y la corrupción prevalecen[5] Goya también incluyó un pie de foto para esta estampa que puede sugerir una interpretación ligeramente diferente: «La imaginación abandonada por la razón produce monstruos imposibles; unida a ella, es la madre de las artes y fuente de sus maravillas». Esto implica que Goya creía que nunca se debía renunciar completamente a la imaginación en favor de lo estrictamente racional, ya que la imaginación (en combinación con la razón) es lo que produce las obras de innovación artística[2].

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    Muchos sugieren que el artista Goya se representa a sí mismo dormido entre sus útiles de dibujo, con la razón embotada por el sueño, acosado por criaturas que merodean en la oscuridad. La obra incluye búhos que pueden ser símbolos de la locura y murciélagos que simbolizan la ignorancia. Implícita en la inscripción preparatoria de Goya,[2] la pesadilla del artista refleja su visión de la sociedad española, a la que retrató en los Caprichos como demente, corrupta y propensa al ridículo[5].

    El epígrafe completo del capricho nº 43 dice: «La fantasía abandonada por la razón produce monstruos imposibles: unida a ella [la razón], es la madre de las artes y el origen de sus maravillas»[6].

    El grabado de Goya, y su título, quizás recuerden las palabras de Teresa de Ávila (1515-1582) «Pues ya que este humor [la melancolía, es decir, la depresión] puede someter a la razón, ¿qué no harán nuestras pasiones una vez oscurecida la razón? …si falta la razón, resulta la locura…» («El libro de sus fundaciones» [1573-6], 7, 2).

    Goya realizó dibujos preparatorios para todas las estampas de la serie de «Los caprichos»[7] Un dibujo sugiere que El sueño de la razón produce monstruos estaba siendo considerado para ser utilizado como frontispicio de la colección, aunque finalmente no se utilizó para este fin en la versión impresa que comienza con

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    Un hombre, generalmente considerado como el propio Goya, sentado al lado de una mesa se ha quedado dormido. Su cabeza está apoyada en la mesa. A su alrededor revolotean murciélagos y búhos, uno de los cuales ofrece al durmiente un lápiz. Junto a la silla hay un gato. Los tres son animales nocturnos. En el lado de la mesa sobre el que descansa su cabeza, está escrito el título del grabado.

    Un epígrafe que lo acompaña reza, según consta en la versión del Prado de puño y letra del autor «La fantasía abandonada de la razón, produce monstruos imposibles: unida con ella, es madre de las artes y origen de sus maravillas», o, en castellano «La fantasía abandonada de la razón produce monstruos imposibles: unida con ella, es madre de las artes y origen de sus maravillas». (tr?[1])

    El Museo Metropolitano de Arte describe la obra con las siguientes palabras «En el grabado que podría haber servido de frontispicio a su suite de sátiras, Los Caprichos, Goya se imaginó a sí mismo dormido entre sus útiles de dibujo, con la razón embotada por el sueño y acosado por criaturas que merodean en la oscuridad. La pesadilla del artista reflejaba su visión de la sociedad española, a la que retrataba como demente, corrupta y propensa al ridículo»[2].

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    El pintor y artista gráfico español Francisco José de Goya (1746-1828) es indiscutiblemente uno de los artistas más importantes del cambio del siglo XVIII al XIX. Sus obras sentaron nuevas bases para todo el mundo artístico europeo posterior y aún hoy fascinan al público del arte. Durante su estancia en la corte española a partir de 1786, Goya realizó varios retratos de nobles por encargo. Sin embargo, en su serie de aguafuertes, los llamados «Caprichos», muestra arquetipos que pueden relacionarse con toda la sociedad. Pero tanto esas figuras como las situaciones representadas son sólo «normales» a primera vista. Con sus motivos satíricos, Goya rasca la superficie del hombre y muestra sus vicios ocultos.

    Este ensayo se centra en el más importante de los Caprichos, la lámina 43, y su declaración programática «El sueño de la razón produce monstruos». El ensayo va a discutir la forma en que la declaración se ilustra en el ciclo, su estructura y dentro de las imágenes individuales.

    El 6 de febrero de 1799, Goya promociona sus Caprichos en un periódico[1]. En este anuncio formula su objetivo de que el ciclo sea, como escribe Fred Licht, «didáctico y moralizante»[2]. Goya se propone ilustrar «las innumerables debilidades y locuras que se encuentran en cualquier sociedad civilizada»[3], para mostrar «los prejuicios comunes y las prácticas engañosas que la costumbre, la ignorancia o el interés propio han hecho habituales»[4], y que en su opinión son las más aplicables tanto para la sátira como para el estímulo de su propia imaginación artística. Como los Caprichos no eran obras de encargo, Goya tenía vía libre en cuanto a la técnica y el tema[5].

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