Sáb. Nov 27th, 2021
    Murales de diego rivera y su significado

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    Diego María de la Concepción Juan Nepomuceno Estanislao de la Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez,[1] conocido como Diego Rivera (pronunciación en español:  [8 de diciembre de 1886 – 24 de noviembre de 1957), fue un destacado pintor mexicano. Sus grandes frescos ayudaron a establecer el movimiento muralista en el arte mexicano e internacional.

    Entre 1922 y 1953, Rivera pintó murales, entre otros lugares, en Ciudad de México, Chapingo y Cuernavaca (México), y en San Francisco, Detroit y Nueva York (Estados Unidos). En 1931, se celebró una exposición retrospectiva de sus obras en el Museo de Arte Moderno de Nueva York; esto fue antes de que completara su serie de 27 murales conocida como Detroit Industry Murals.

    Rivera tuvo numerosos matrimonios e hijos, incluida al menos una hija natural. Su primer hijo, el único, murió a los dos años. Su tercera esposa fue la también artista mexicana Frida Kahlo, con la que mantuvo una relación inestable hasta su muerte. Se casó una quinta vez, con su agente.

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    Entre 1932 y 1933, el artista Diego Rivera, uno de los principales líderes del movimiento muralista mexicano de la década de 1920, realizó una de las mejores obras de arte monumental moderno del país dedicadas a la industria. El ciclo de murales de la Industria de Detroit, a menudo considerado como la obra de arte más compleja dedicada a la industria estadounidense, representa la base manufacturera y la mano de obra de la ciudad en las cuatro paredes del patio del Instituto de Artes de Detroit, que desde entonces se llama patio Diego. La técnica de Rivera para pintar frescos, su representación de la vida americana en edificios públicos y el propio Movimiento Mural Mexicano de los años 20 condujeron e influyeron directamente en los programas de murales del New Deal de los años 30 y 40.

    El Movimiento Mural Mexicano surgió en la década de 1920, al final de la Revolución Mexicana. El nuevo presidente de México quería promover la cultura mexicana. Nombró a un nuevo Ministro de Educación, José Vasconcelos, que imaginó un programa integral de educación popular para enseñar a los campesinos mexicanos lo que significaba ser mexicano. El plan de Vasconcelos consistía en adornar los edificios públicos con murales para promover la identidad nacional. Uno de los pintores más destacados de este programa fue Diego Rivera. Rivera estudió en la Academia de Bellas Artes de San Carlos. Ganó una beca para estudiar arte en Europa, donde aprendió sobre los murales italianos de los siglos XIII y XIV. Este estudio le ayudó a desarrollar una filosofía de arte público que apoyaría el movimiento muralista en el México posrevolucionario.

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    La obra combina poderosamente el arte y el trabajo, el puro «trabajo» de la práctica creativa con los individuos que rodean, apoyan y financian una obra de arte. El mural se ha considerado una expresión provocativa de la política de Rivera y un ejemplo del elevado estatus que el artista atribuía al trabajador industrial.

    Rivera fue un miembro activo -aunque a menudo expulsado- del Partido Comunista Mexicano en las décadas de 1920 y 1930. Sus murales trataban temas sociales y políticos de actualidad (en particular, la Revolución Mexicana) y retrataban a trabajadores y artistas en actividades de importancia social o en supuestas posiciones de poder.

    Como indica el título, el fresco muestra la construcción de una ciudad y la realización de un fresco, incluyendo a las distintas personas que participan en el encargo, así como a ingenieros, asistentes de artistas, escultores, arquitectos y trabajadores en general. La figura central de un obrero con casco, representada en una proporción sobrenatural, puede considerarse un ejemplo del estatus que Rivera atribuye al trabajador industrial, y es el tema principal del fresco dentro del fresco; es esta figura la que Rivera parece admirar en la obra, empuñando la paleta y el pincel, de espaldas al espectador.

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    Durante el verano de 2017, tuve la experiencia de visitar una exposición de arte en el Museo de Arte de Filadelfia. Esta exposición en particular se centró en obras de arte como murales durante la Revolución Mexicana. Quedé asombrada por la plétora de arte que se creó durante este período de tiempo, que se extiende desde portadas de periódicos creadas artísticamente hasta representaciones épicas de la batalla. En todo el mundo, los murales sirven como historia artística física para que el mundo los vea. Durante mis viajes a Belfast, Irlanda del Norte, tuve el lujo de recorrer los famosos murales de la ciudad. Estos murales tenían un propósito muy similar a los de México porque ambos representan la lucha y la cultura emergente. Mientras que los murales de México representan la Revolución Mexicana, los murales de Irlanda del Norte retratan las luchas entre protestantes y católicos. Además de las diferencias en la temática, la estructura de los murales era muy diferente. En Irlanda del Norte, los murales eran más claros y directos que los de Rivera. Se centraban menos en la estética visual y más en el mensaje. En cambio, los murales de Rivera eran casi de naturaleza teatral. Sus murales cuentan una historia y suelen ser más agradables de ver. La naturaleza acogedora de los murales de Rivera, en contraste con los murales más informativos, es uno de los aspectos que lo convirtieron en un artista tan querido durante esta época.

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